En mayo del 2024 Río Grande del Sur sufrió una tremenda inundación, con trágicas consecuencias que desencadenaron en decenas de muertes. Pero en relación con ellas, por lo que significaron, y la responsabilidad con que se pretende analizarlas, se tratará de un modo específico y detallado más adelante.
Ahora, para dimensionar la magnitud del hecho, tengamos presente que dicho Estado se encuentra constituido por 497 municipios, y de ellos 459 fueron afectados por inundaciones, según lo indicara el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (organismo estadístico oficial de Brasil).
Entre las consecuencias fueron evacuadas 620.000 personas, alrededor de 2.100.000 habitantes se quedaron sin agua potable, sin energía ni alimentos. Un servicio tan esencial como el de salud se vio afectado con la salida de servicio de nada menos que 110 hospitales, y en relación con las vías de comunicación fueron 61 las rutas que estuvieron cortadas por inundaciones.
¿POR QUÉ SE PRODUJO ESTA INUNDACIÓN?
Diferentes servicios de meteorología fueron analizando e informando sobre un hecho climático que a las claras fue mucho más que el desarrollo de un simple frente de tormentas. Un hecho climático amplio, que se mantuvo por varios días, donde intervino más de un factor meteorológico, y que involucró la acumulación de un gran volumen de agua en la atmósfera, un volumen que en gran parte terminó descargando a tierra, y afectando aproximadamente al 90 % de la superficie de Río Grande do Sul.
Estas grandes masas de aguas suspendidas, y que fueron cayendo en formas de copiosas precipitaciones en intensidades y duraciones, quedaron expuestas con las consecuentes descontroladas inundaciones ocasionadas, y que se vieron reflejadas cuantitativamente en las mediciones que arrojaran diferentes Estaciones Meteorológicas, tanto públicas como privadas.
Esos grandes volúmenes de agua fueron cayendo sobre la geografía imperante, en la cual se conjugan sus puntos mas altos, sus depresiones, sus cursos de agua, las obras hidráulicas construidas sobre dichos cursos, como también la distribución de los asentamientos humanos en diferentes sectores.
Desde lo hidráulico, la geografía del terreno, es decir la planialtimetría que la conforma, es una parte muy importante del análisis. Por eso, desde lo descriptivo y como también para un análisis técnico propio, procedí a contemplar una imagen que me pareció muy adecuada (Fuente: SEMA 2002, Elaboración: SEPLAG RS/DEPLAN – 07/2012), la cual se adjunta.
En ella pueden observarse las tres regiones hídricas que delimitan hidráulicamente a Río Grande do Sul.
Dos de ellas desembocan en el Océano Atlántico (las denominadas Guaíba y Litoranea), y la otra denominada Uruguai que desemboca sobre el Río Uruguay.

Sin ser ingeniero, cualquiera pensaría que las inundaciones sufridas se relacionaron con las precipitaciones acumuladas de gran magnitud que cayeron en poco tiempo.
Al respecto, cuando precisamente investigaba para obtener registros meteorológicos representativos de diferentes sectores geográficos, lo hice tratando de llegar a aquellos que realmente fueron los generadores de la crítica inundación.
Lamentablemente, esos datos ideales no logré encontrarlos del modo deseado, pero sí obtuve lo suficiente como para armar una Tabla como la que se anexa, en la que se puede apreciar que la mayoría se corresponden con sectores de la Región Hídrica Guaíba, y sólo dos a la del Uruguai.

Seguidamente se presenta un Plano en el cual, con una delimitación azul se presenta una aproximación de la Región Hídrica Guaíba. Dentro de ella se remarcaron algunos de los cursos de agua más significativos, como asimismo las precipitaciones acumuladas de los correspondientes sectores indicados en la Tabla.
En relación con dicha Tabla cabe mencionar que, las dos ciudades con registros pertenecientes a la Región Hídrica Uruguai se corresponden con la parte noroeste de ella. Por eso, y respecto a la magnitud de la superficie que abarca dicha región, estos dos registros presentados solo son una pequeña parte, respecto al amplio sector de tormenta que afectó dicha región, y con las consecuencias que se generaron no sólo de un modo directo a los sectores poblados del entorno, sino a posteriori por los consecuentes aportes de escurrimientos a las aguas del Río Uruguay. Por eso, sumados ellos a los que ya traía dicho río desde aguas arriba al propio Estado de Rio Grande do Sul, terminaron provocando grandes inundaciones, y/o alertas por inundaciones, sobre ciudades argentinas, uruguayas, y también brasileñas lindantes a dicho río.

En la imagen se puede apreciar exclusivamente la Región Hídrica de Guaíba, y como ella descarga en el denominado Lago Guaíba. Y esa descarga lo hace de un modo directo e indirecto, a través de los diferentes cursos de aguas, como ser el Yacuí, Dos Sinos, Vacacaí, Taquari y Das Antas.
Salvo el registro de precipitaciones acumuladas de Porto Alegre, lindantes al Guaíba, los otros registros se corresponden con cotas (alturas) del terreno, muy significativas respecto a la del Lago, marcando diferencias de nivel con dichos sectores de registros pueden rondar desde los 116 mts a los 840 mts. Esto, desde un punto de vista hidráulico, tiene su importancia por las velocidades de escurrimientos que pueden generarse en los cursos de agua, y en los menores tiempos con que el agua llega de sectores más altos, a sectores más bajos.
ANÁLISIS DE LA REGIÓN HÍDRICA DEL GUAÍBA
Ya se describió de un modo somero la magnitud del frente de tormenta, el entorno plani-altimétrico donde se produjo, las precipitaciones acumuladas caídas en diferentes sectores y ahora se describirán las consecuencias de dicho evento, en particular en la Región Hídrica Guaíba, por ser ella la más afectada.
En dicha región hídrica se poseen importantes diferencias de cotas (para que no queden dudas: desniveles), entre sus sectores geográficos más altos y sus sectores de desagües finales hacia el Océano Atlántico. Esas diferencias de cotas fueron aprovechadas para la instalación de varias represas, algunas para aprovechamiento hidroeléctrico, otras para riego y otras para abastecimiento de agua potable.
Los volúmenes de agua caídas, como consecuencias de las intensidades y duraciones de las precipitaciones en diferentes sectores de las cuencas, fue provocando que las represas vayan incrementando sus niveles de embalses, superando a los previstos para condiciones normales de funcionamiento y, como a su vez sus volúmenes de descargas de agua eran inferiores a los de aporte, llevaron a incrementos en sus niveles de reservorios, que puso en riesgo de colapso en muchas de ellas.
Que una represa se encuentre en una situación de riesgo es una situación muy seria, ya que más allá de las obvias consecuencias económicas del propio daño ante una rotura, lo más preocupante son las graves afectaciones que pueden generar aguas abajo de las mismas, fundamentalmente si hay sectores poblados.
Esta situación llevó a un exhaustivo y constante monitoreo de diecisiete represas, las cuales, de acuerdo al grado de riesgo en que se encontraban las clasificaron en tres grupos: las que estaban “EN EMERGENCIA DE ROTURA INMINENTE” (seis represas), las que estaban “EN ALERTA” (una represa), y las que se encontraban “EN OBSERVACIÓN” (diez represas).
Cada una de ellas fue contemplada en la siguiente Tabla, donde, además de agruparlas en columnas de acuerdo con la correspondiente clasificación de riesgo, se procedió a agregarles detalles de cada una, como ser su denominación, el Municipio donde se ubican geográficamente, y el uso que se le dan a ellas. Asimismo, dentro de la misma tabla se incorporó un Plano regional, con sus ubicaciones, y con demarcaciones de diferentes colores de acuerdo al grado de riesgo en que se encontraban.
De dicho plano podrá observarse que, salvo una, el resto de las represas se encuentran en la Región Hídrica Guaíba.
Cabe expresar que, al momento del análisis, de las seis que se encontraban muy críticas en cuanto a su estabilidad, sólo la represa “14 de Junio” sufrió un colapso parcial.

LAS PÉRDIDAS DE VIDA POR INUNDACIÓN
Pasamos ahora a analizar las afectaciones más graves, las que no se puede revertir con nada, como lo son las pérdidas de tantas vidas, humanas pero también la de millones de vidas correspondientes a seres pertenecientes a la fauna regional, como también de mascotas convivientes en todo sector poblado afectado.
Defensa Civil de Rio Grande do Sul fue el organismo que fue publicando el número de muertes por inundación, con cifras que fueron actualizando con el transcurso del tiempo. Recién el 20 agosto presentan un Boletín Oficial donde expresan que 183 fue el número de víctimas fatales.

El Cuadro que se adjunta cuantifica la cantidad de víctimas fatales en cada una de las ciudades donde se produjeron.
Todas las víctimas fatales tenían algo en común: pertenecían a la Región Hídrica Guaíba. Eso es lo que precisamente podrán apreciar, si analizan en conjunto el Cuadro de víctimas fatales con el Plano que se adjunta, donde se encuentra la región hídrica en azul y dentro de ella los Municipios afectados.

LA CRECIDA DEL GUAÍBA
Como ya se describiera, en el Lago Guaíba desembocan los cursos de agua de dicha Región Hídrica. Esto significó que, debido a las grandes precipitaciones que se generaron, tanto en diferentes sectores de las cuencas aportantes, como por las propias precipitaciones en el entorno de Porto Alegre, el nivel del Guaíba fue incrementándose.
Lamentablemente, la estación de medición de niveles del río quedó fuera de servicio producto de la gran crecida. Por eso no se cuentan con registros públicos que permitan visualizar la evolución del nivel del agua, en el hora a hora, y durante todo el período de crecida. Al respecto, la Agência Nacional de Águas (ANA) / SNIRH y el Serviço Geológico do Brasil (SGB) instalaron y documentaron una estación de emergencia, pero los resultados de mediciones no están disponibles públicamente .
Lo que sí se hizo público fue el registro del 5 de mayo de 2024, de Cais Mauá (estación C6, código 87450004) que marcó un pico máximo 5,37 mts. Empero, por la fecha indicativa de medición, aparentemente ese pico habría sido superado.
Pero a todo esto, la pregunta razonable que podría surgirles es, ¿qué significa ese pico de crecida?: Para responder eso me permito hacerlo de un modo comparativo con algunas medidas representativas y limitantes.
Entre tales medidas claves, la mas importante es tener presente que el sistema de protección de Porto Alegre posee una cota de 6,00 mts. Por tanto, si comparásemos esta medida con el supuesto 5,37 mts de pico de crecida que alcanzó el Guaíba, dicha diferencia es muy pequeña, respecto a una revancha mayor que debiera tener bajo un criterio de razonable seguridad.
Esto expresado lo voy a llevar, con un ejemplo historial del lugar. Cuando en 1941 se tuvieron marcas de nivel de crecida del Guaíba entre los 4,76 mts y 4,80 mts, esto llevó a posteriori a proyectar un nuevo sistema de protección, el cual culminó con el sistema actual que poseen de 6,00 mts, o sea, en ese momento se tomó una razonable revancha de diseño de 1,20 mts por encima de esa marca de agua.
Entonces, si ahora el pico fue de 5,37 mts, ¿cuál debería la nueva cota de protección?, bueno, esa respuesta surgirá de los estudios hidráulicos que llevarán adelante, pero estimo debería rondar con un piso de cotas no menores a los 7,00 mts, o los 7,50 mts.
CONCLUSIONES
En la mayoría de los Países, en sus ciudades, como en sus regiones, no se encuentran preparados para lo que nos viene marcando el cambio climático. Grandes tormentas, en intensidad, duración y extensión, pasan a ser normales, y lo acontecido en Río Grande do Sul pasa a ser un lamentable nuevo ejemplo de esta realidad.
Por un lado se tuvieron grandes precipitaciones, pero que a esta altura ya no las podemos seguir catalogando de extraordinarias. Esto produjo graves consecuencias, y demostró lo lejos que se está para enfrentarlas.
Un ejemplo de situación crítica se dio en las represas, las cuales debieron ser monitoreadas de modo permanente, por el serio riesgo de colapso en las que se encontraban. Y hablar del colapso de una represa significa que al menos parte del dique (que contiene el reservorio de agua) se rompa, lo que terminará provocando el deslizamiento de un gran volumen de agua, que en su recorrida hacia aguas abajo irá arrasando con todo lo que a su paso encuentre. En definitiva, esto pudo haber sido el causal de una gran tragedia.
Por esto, ante esta nueva realidad climática, se deberán analizar las nuevas situaciones de crecidas frente a este tipo de tormentas, la estabilidad estructural de ellas ante estas situaciones, y las readecuaciones (ampliaciones) de las secciones de descargas, de modo que, ante estas magnitudes de precipitaciones, los embalses no lleguen a ser superados en sus niveles de trabajo.
La otra situación crítica se relaciona con las protecciones de las ciudades ante los cursos de agua aledaños, que pueden pasar a tener que soportar abruptas subidas de su nivel. En caso de Porto Alegre, imaginemos cual hubiese sido el resultado si el sistema de protección ante crecidas del Guaíba fallase, por ser superado su nivel de protección por el del curso de agua. Por eso, ante hechos como este, todo el sistema de protección contra inundaciones debe reverse, no sólo la cota de protección, sino también las dimensiones de los desagües internos, los sistemas de bombeo de modo que permitan evacuar mayores volúmenes de agua, como también la readecuación del sistema de compuertas.
En resumen, la realidad climática nos seguirá marcando el camino de lo que viene provocando, como de lo que seguirá haciendo, y dependerá de las autoridades tener la amplitud para la aceptación de esa realidad, como para obrar en consecuencia y estar así preparados para soportar el Cambio Climático.
